Esta clasificación se basa en qué tan “inteligente” o “autónoma” es una IA, es decir, cuánto se acerca a la inteligencia humana.
a) IA débil o estrecha (Narrow AI)
- Es la más común hoy en día.
- Está diseñada para realizar una tarea específica: reconocer rostros, traducir idiomas, conducir un auto, etc.
- Ejemplos: Siri, Alexa, ChatGPT, Google Assistant, sistemas de recomendación (Netflix, YouTube).
- No tiene conciencia ni emociones, solo sigue patrones aprendidos.
b) IA general (AGI – Artificial General Intelligence)
- Es una IA hipotética que igualaría la inteligencia humana en todos los ámbitos.
- Podría razonar, aprender, entender y adaptarse a cualquier situación, tal como lo hace una persona.
- Aún no existe, aunque muchos laboratorios de investigación (como OpenAI, DeepMind o Anthropic) trabajan en ella.
c) IA superinteligente (ASI – Artificial Super Intelligence)
- Es una forma teórica de IA que superaría la inteligencia humana en todos los aspectos: creatividad, razonamiento, estrategia, empatía, etc.
- Su desarrollo genera debates éticos y de seguridad, ya que podría alterar el equilibrio entre humanos y máquinas.
- Por ahora, solo existe en la teoría y la ciencia ficción.
2. Tipos de IA según su funcionamiento o técnica
Aquí se clasifican según cómo operan o aprenden las máquinas:
a) Sistemas reactivos
- No tienen memoria ni aprendizaje; solo responden a estímulos inmediatos.
- Ejemplo: Deep Blue, la computadora que venció a Kasparov en ajedrez (1997).
- Actúan con rapidez, pero sin adaptación.
b) Memoria limitada
- Aprenden de la experiencia y usan datos pasados para tomar decisiones.
- Ejemplo: autos autónomos que recuerdan trayectorias, obstáculos y comportamientos del tráfico.
- Este tipo domina la IA actual.
c) Teoría de la mente (en desarrollo)
- Busca que la IA comprenda emociones, intenciones y pensamientos humanos.
- Aún está en investigación, pero es clave para robots sociales o asistentes empáticos.
d) Autoconsciente (hipotética)
- Sería una IA con consciencia propia, capaz de reconocerse como un “ser”.
Aún no existe y es objeto de debate filosófico y ético.
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